Vida espejo

Todo empezó hace tres años y dos meses.
Era mi comienzo en la facultad. Un momento en el que te sientes crecer y una chispa de orgullo prende en tu interior.
Era un 2 de octubre, día de mi cumpleaños, y subí a aquel pasillo de la segunda planta del pabellón I. Ya había varias personas reunidas allí. Unos conversaban, y otros, al igual que yo, observaban a los demás de reojo, con curiosidad y temor. En ese momento no conocía a nadie, y deseaba comenzar esa nueva etapa como uno más. Atrás quedaban los momentos malos, regulares o los escasos buenos del instituto. Nunca me gustó ese centro de enseñanza.
Recuerdo que, una vez entramos en la famosa aula 18, me senté en el ala derecha, a mitad del total de filas de la clase. La gente comenzó a ocupar sus asientos y a mi alrededor había muchos huecos. Me sentí un poco idiota, pero no tardó en acompañarme un chico de apariencia más bien adulta, con barba cerrada de dos días y facciones endurecidas. El gran Cañas. Sólo me sacaba dos años jaja.
Más tarde ocupó el asiento contiguo al de Cañas, Solera. La chica se presentó y comenzamos a hablar de nuestras procedencias y demás historias. Detrás estaba Horche, junto con dos chicas.
Paseé la mirada por el resto de la clase, y me paré sobre un chaval de pelo muy corto y varios piercings. Zarco. “Menudo kinki” pensé horrorizado. En aquel momento no sabía que llegaría a ser uno de mis inseparables amigos.
Más tarde nos juntamos con Vao y con Carrasco, además de otra chica que no recuerdo. Ellas iban con un chico muy alto, de pelo ondulado, barba de adolescente y andar peculiar. En la cafetería se me presentó. Llevaba una camiseta de rayas horizontales rojas y negras. Parecía ser muy tímido, y lo taché de hippie jeje. Morillas, el segundo de nuestro grupo actual.
El tercero lo introduzco ahora, aunque fue mucho más tarde cuando entablé relación con él. Se sentaba en clase siempre en primera fila. Llevaba siempre camisetas tres tallas más grandes y los pantalones caídos. Un tatuaje en forma de estrella lucía en su codo. No hacía otra cosa que pegar brincos y puñetazos a las paredes. “Éste es el peor de todos” deduje desde mi inmadurez. Era Lorente. El cuarto del grupo, pero no por ello el menos importante.

Doy un salto temporal hasta el 19 de diciembre del 2008. Nuestro primer examen en la facultad. Fisiología Humana, último día de clase. Fue después de comer, en un atardecer frío y anaranjado. Era un aula magna. El aula 3 para ser más exactos, y creo recordar que fue la única vez que me examiné allí.

Volviendo al presente, tres años exactos después, el final de la carrera se divisa en el horizonte. Y el que probablemente (espero) sea mi último examen se presenta en dos días. Ahora la explicación de “vida espejo”. Será el último día lectivo antes de Navidad, al igual que hace tres años. El examen, será pared con pared con el aula donde comenzó todo. Será pasado mañana, en el aula 17, segunda planta, pabellón I. Todo deberá terminar donde empezó, y eso lo hace más bonito y singular si cabe.

Por la etapa más feliz, la más triste, más variada y más bella de mi vida; van estas líneas.

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Una respuesta hacia “Vida espejo”

  1. Por estos años de Universidad, que ya no volveran, pero que siemrpe recordaremos con cariño y una gran sonrisa :) un abrazo

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