Hasta la felicidad siempre
Hoy debo decirlo, he de agradecer lo que tengo. Hace tiempo que no proclamo mi felicidad a los cuatro vientos, y ya va siendo hora.
Vivo en una sociedad en la que nada me falta, y en un nivel de vida en el que no puedo ni debo quejarme.
Quizá estas líneas vayan dirigidas a mí mismo dentro de un tiempo, cuando decida ponerme drástico y fatalista.
¿Sabes, futuro Lost? Puede que no estés tan perdido. Hoy has recuperado en la facultad lo que siempre ha sido tuyo, un círculo de amigos, y un círculo social en el que encajas. Un lugar en el que sonríes, pero sobre todo, en el que lo que tiene que ver con lo académico, te entusiasma.
Extramuros, estás mejor incluso si cabe. Tu perla esperándote siempre con palabras alegres y cariñosas. Unos amigos cuya fidelidad va más allá de lo imaginable. Una familia corta pero cuyas uniones van más allá del tiempo y la distancia.
Y por encima de todo, amparándote, como un velo de blancura e invulnerabilidad, la estrella que siempre brilla, la mariposa que no descuida ni uno solo de tus movimientos. Su silencioso y bello vuelo a cada instante sobre tu presencia, dándote calor en el más oscuro y frío de los rincones del mundo.
No lo dudes, da gracias y recuerda tres señales: rumbo firme, la bilateralidad y la incondicionalidad.
Hasta la felicidad siempre.
Y a la persona que lea estas líneas le invito a lo mismo. Mira a tu alrededor, comprende y elige los puntos inamovibles de tu existencia, y apoyándote en ellos, salta tan lejos y tan alto como puedas. Tanto como siempre soñaste, construye tu vida según tus sueños y tus esperanzas. Eso nunca te lo quitarán.